< El principio de la historia<
“El Señor es mi pastor, nada me falta…”, musitaba el Padre Rubio al volante de su ajado Seat 124 al que apreciaba de veras a pesar de aquella vez que, para las fiestas, no hubo forma de montar la imagen de la Santísima Virgen del Prado por la ausencia de una quinta puerta de carga posterior. El Padre callaba de vez en cuando para darle unas vueltas nerviosas al rosario que llevaba en el anular de la mano izquierda. “Los muertos han vuelto”, decían los rumores, “los sudarios húmedos y las narices llenas de la tierra mojada por el pantano”, comentaban los abuelos en el teleclub. Y el Padre Rubio conducía ahora, sólo, en la oscuridad de la medianoche, hacia el viejo cementerio.
- Pero la historia no empieza ahí, la verdad – protestaba mirándonos alternativamente el Comisario Nuño como si hubiera sido alguno de nosotros quien le hubiera obligado a contarla mal. – Lo que realmente pasó – prosiguió – es que llevaba un tiempo oyendo cosas raras en el confesonario. No es que a mí me lo contara, claro – se corrigió algo incómodo – esto lo supongo.
- Padre Rubio, estoy muy asustada – la voz de la señora Fuenciscla, la viuda de Julián el farmaceútico, sonaba fresca pero huidiza, como un hilillo de agua que se colara a través de la celosía del confesonario. Ella removía su cuerpo menudo e hinchado haciendo rechinar las tablas algo ajadas del reclinatorio. A sus 45 años y, aunque demasiado joven para acordarse de la guerra que su pueblo apenas sufrió, había tenido que crecer en los años de la posguerra, del hambre y de la necesidad, donde lo poco era mucho y nada era demasiado. Ahora luchaba por sacar adelante a su hijo, Santiago Julián, al que había que atar muy en corto para que recorriera de lunes a viernes los 34 kilómetros que les separaban del colegio donde debía asistir a clase – Mi hijo está dejando de ir a clase. Dice que se monta en el autobús, pero se junta con algunos de fuera y se van, por ahí, a emborracharse o sabe Dios a qué. Luego viene a casa cansado y no hay forma de que le entre en la cabeza lo que le digo, que estudie, que tiene que salir de aquí, que la vida se va a la ciudad y dentro de unos años aquí no quedaremos más que los viejos, que ya tenemos sitio reservado en el cementerio nuevo.
El era un cura nuevo, un treintañero idealista, que volvía a la realidad de la vida de los pueblos tras muchos años ausente – prosiguió Nuño mirando hacia arriba, como intentando ver los detalles olvidados de la historia en su propio cerebro – y sospecho que a pesar de los rumores que oían en el Teleclub y de cómo los abuelos comentaban los ruidos, las voces, la extraña música, las luces que surgían del cementerio en mitad de la oscuridad de la noche, lo que realmente le movió a actuar fue que la señora de Jaqueta, se le echó a llorar diciendo que su hijo estaba metida en “eso de los satánicos, las agüijas esas y lo de hablar con los muertos”.
Aquella mañana había visitado el cementerio viejo. Hacía menos de un mes que el nivel del agua había bajado lo suficiente para poder volver a caminar sin quedarse atrapado en el barro. El cementerio viejo era un recinto pequeño, la pared que habían pintado y encalado el verano anterior a conocerse la noticia de que el pueblo sería desplazado por el pantano, era ahora marrón y se había derrumbado parcialmente en dos puntos.
Cuando el Padre llegó dos años atrás, el alcalde le había dado la llave negra, vieja, grande y pesada, que abría el candado de la puerta y que habían recogido del escritorio del difunto Padre Damián. El Padre había guardado la llave en la pequeña caja donde guardaba cosas importantes que esperaba no tener que utilizar nunca, y por ello se había acordado hoy de cogerla antes de salir para hacer su pequeña investigación.
La verja que cerraba la entrada, mirando al este, era más de óxido que de hierro. El Padre se dio cuenta de que su llave negra y vieja no valía para nada, porque la verja no estaba cerrada y allí no había rastro de candado alguno. El Padre asió con fuerza la hoja más grande intentando tirar y empujar alternativamente y ésta saludó sus esfuerzos con crujidos y un agónico chirrido según cedía, siendo empujada, girando sobre sus goznes.
La mañana estaba tranquila y luminosa. El Padre recorrió en solitario los mil metros cuadrados del recinto, orando de vez en cuando, fijándose en los viejos nombres aún reconocibles en las pocas lápidas que quedaban en pie. Recorriendo las pequeñas callejas entre las sepulturas, sic transit y demás, había reflexionado mientras pensaba en su propia infancia y en su propio pueblo, durante su infancia, más lejos, más alto, más al Norte, allá en Valladolid.
En esto se distrajo un momento, y se arrepintió cuando al pisar trozos de vidrio de botellas rotas de DYC sintió como la suela izquierda se rajaba. Bendijo la oportunidad de ir a buscar a Martín esa misma tarde para que se la recompusiera y siguió, ahora con atención, explorando el viejo recinto sagrado. Junto a los cascos rotos, había algunas colillas, casi todas blancas, y bolitas de papel de periódico. Cosas de muchachos, pensó. Algo de alcohol, algo de sexo, nada que no pueda manejar con alguna charla, claro. Doña Fuenciscla lo merece.
Ya casi se marchaba de nuevo convencido de que los viejos del lugar se estaban creando un nuevo mito, cuando, parcialmente borrada con los papeles de periódico y algo oculta por dos piedras que habían sido llevadas allí desde el derrumbe de la tapia al sur, vio la estrella de cinco puntas y las manchas de sangre en el centro. Y se quedó helado, confuso, mirando sin pestañear el garabato pintarrajeado con cal en el centro mismo del abandonado, viejo cementerio de Turbiaguas.
< El principio de la historia< –>La historia continúa >
Quitando que lo recopilo para leerlo del tirón una vez completado, ¿cómo puedes actualizar con el nanowrimo por medio?
Jejeje. Pues llevaba un par de meses preparando los posts de aquí a diciembre, para poderme quitar la obligación de la cabeza.
Así que no hay mucho secreto. Para este post en Noviembre no escrito ni una sola coma, no como para http://yoteadviertoportero.wordpress.com/2010/11/16/partido-del-lunes-15-de-noviembre/
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